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El Pleno de la Corporación Municipal rinde homenaje a Pepe Montaraz con la lectura de una declaración institucional

Declaración Institucional en recuerdo a Pepe Montaraz - feb2026 (4)

El Pleno de la Corporación Municipal rinde homenaje a Pepe Montaraz con la lectura de una declaración institucional

26/02/2026

Declaración Institucional en recuerdo a Pepe Montaraz - feb2026 (3)

El pasado miércoles, 25 de febrero, durante la celebración de la sesión plenaria ordinaria de la Corporación Municipal, se procedió a la lectura de una declaración institucional en memoria del recientemente fallecido Pepe Montaraz. El emotivo texto fue leído por dos de sus nietos, Javier y Kenia, ante el plenario y su familia. Tras la lectura, y a propuesta del alcalde, la Corporación guardó un respetuoso minuto de silencio en recuerdo de quien ha sido uno de los hijos más queridos del flamenco lebrijano.

::: Compartimos el texto íntegro de la citada Declaración Institucional :::

Lebrija despidió ayer, 16 de febrero de 2026, a uno de sus más queridos hijos flamencos. Pepe Montaraz falleció a las 18:45 horas de la tarde, con 90 años recién cumplidos y todo un legado que pervivirá en la memoria de su pueblo.

El nombre de Pepe Montaraz está ligado de manera inseparable a la historia viva del flamenco en Lebrija. Nacido en 1936 y bautizado como José Sánchez Ruiz, su trayectoria resume, como pocas, el tránsito del cante popular y rural a la profesionalización de los festivales, las peñas y los escenarios locales y foráneos.

Con la partida de Pepe Montaraz, Lebrija despide no solo a un gran cantaor, sino a una de las voces más cabales y representativas de su memoria colectiva. Se va un hombre en el que confluyeron la hondura del cante, la honestidad del oficio y el amor incondicional a su tierra.

Nacido en 1936 y bautizado como José Sánchez Ruiz, fue hijo de la insigne saetera Benita Ruiz Fernández, “La Morena”, y hermano de otros destacados intérpretes. En la familia Montaraz, la saeta fue siempre un patrimonio compartido, un lenguaje heredado y cultivado con respeto.

Testimonio de ello, quedará por siempre la grabación Las saetas de los hermanos Montaraz (1986), donde Pepe, Antonio y Frasquito las bordaron por seguiriyas, y Titi y Benetín por martinetes, dejando así constancia sonora de esta estirpe cantaora lebrijana.

Criado “entre retamas de jaras y tomillo”, tuvo Pepe “en la sierra” su “cama” y aprendió, antes que a cantar, a escuchar. En ese paisaje humilde con aromas de romero, se forjó una sensibilidad temprana que encontró en la saeta su primer cauce expresivo. A los nueve años, en la Semana Santa lebrijana, Pepe protagonizó una de esas escenas que el pueblo atesora como se guardan las leyendas: diecisiete saetas seguidas dedicadas a la Virgen del Castillo, con una voz aún pueril, pero capaz ya de estremecer.

Antes de la profesionalización del flamenco, llegó a formar parte de una de esas compañías ambulantes que recorrían pueblos y ciudades (troupes), tal y como narró el cantaor en una entrevista concedida a Lebrija Flamenca en 2023.

De aquellas troupes extrajo varias enseñanzas, como la de aprender a ganarse al público y comenzar a entender un oficio que había que sostener con la mayor dignidad. Fue de este modo afianzándose un carácter firme, trabajador y profundamente comprometido con la dignidad del arte flamenco.

El reconocimiento público llegó pronto a Pepe Montaraz a través de los concursos. Desde los años cincuenta, acumuló primeros premios en toda Andalucía, convirtiéndose en un referente del cante serio y bien asentado. Una copla aprendida de su padre fijó para siempre su nombre artístico y lo proyectó más allá de su pueblo: «Soy el niño Montaraz, criado entre verdes ramas, yo me quisiera igualar con Juanito Valderrama, o aunque sea con Fregenal».

Su formación se nutrió de los grandes maestros del siglo XX, a los que escuchó con devoción y espíritu crítico. Los tomó como modelos, pero nunca pretendió imitarlos. Supo destilar aquellas enseñanzas hasta construir una voz propia, capaz de recorrer prácticamente todos los palos – llegó a dominar hasta 47 estilos – , con especial predilección por los cantes grandes, donde siempre buscó la honestidad antes que el lucimiento.

Una alianza fundamental en su trayectoria fue la que mantuvo con Pedro Bacán, compañero inseparable en escenarios y grabaciones. Junto a él firmó sus primeros trabajos discográficos con el sello Zafiro: un EP en 1975 y dos LPs en 1977 y 1978, hitos que consolidaron su prestigio. Décadas después, en 2015, volvería al estudio para grabar Del monte a la campiña junto a su hermano Antonio, cerrando así un círculo vital y artístico.

Su presencia fue habitual en los grandes festivales, especialmente en la Caracolá lebrijana, donde participó en innumerables ediciones desde 1971. Aquel escenario fue para él casa, escuela y punto de encuentro con figuras históricas del cante. Sobre sus tablas selló noches memorables y fue testigo privilegiado de la evolución del flamenco contemporáneo.

Cantó en Francia, en Cataluña, en Madrid y en toda Andalucía. Participó en proyectos culturales, en actos solidarios y en encuentros de peñas, siempre con la misma actitud: respeto al público y fidelidad al cante. Dondequiera que actuó, llevó consigo el sello de Lebrija y la seriedad de su escuela. Pero Pepe Montaraz no fue solo un intérprete. Fue también constructor de espacios y de futuro. Impulsor decisivo de la Peña Flamenca de Lebrija, que lleva orgullosamente su nombre, entendió desde muy pronto que un pueblo con tanta afición necesitaba un refugio para el arte jondo. Aquella peña se convirtió, con el impulso de su visión y su entrega, en un verdadero templo del flamenco, lugar de aprendizaje, convivencia y transmisión de puertas siempre abiertas a los amantes del arte jondo. Pepe Montaraz encarnó el paradigma de “lo cabal”: la voz donde se reconocen las aspiraciones profundas de la buena afición. Dueño de un repertorio vastísimo —sus más de cuarenta cantes están documentados y anotados en una maravillosa libretita que puede contemplarse en el Centro del Flamenco de Lebrija—, nunca hizo del virtuosismo un fin. Para Pepe, el cante era emoción, memoria y circunstancia, el fruto de un instante.

En definitiva, una cuestión de Duende. Los reconocimientos llegaron sin estridencias, como corresponde a los grandes. En 2014 recibió la Giraldilla de Honor de su peña. En 2023, el Caracol de Oro de la Caracolá lebrijana coronó toda una vida dedicada al flamenco. Pero su mayor premio fue siempre el respeto de su gente, la admiración de su gran familia y el cariño de esa afición avezada en distinguir las voces de los ecos. Afable, cercano y buen conversador, Pepe Montaraz fue un hombre querido, un referente y un maestro parco en alardes y generoso en su contribución al cante jondo, a cuyas raíces vivió sujeto. Hoy damos un último adiós a uno de nuestros hijos más leales, pero su nombre quedará inscrito para siempre en nuestra historia. Su voz seguirá resonando por saetas, soleares, seguiriyas, cañas, polos y una infinitiva nómina de palos flamencos cuyos ecos montaraces tiemblan en los rojizos atardeceres lebrijanos que encienden la suave silueta de estos cerros.

::: Más imágenes del acto :::

Declaración Institucional  en homenaje al cantaor Pepe Montaraz